Mi nombre es Adán, o eso dijo Padre, vivo en un mundo de árboles, hermosas flores, verdes arbustos y cariñosos animales.
Padre lo dispuso todo para mi felicidad y regocijo pero yo pasaba todos los días sentado a la sombra de un árbol, sintiendo el aire en mi piel, al Sol calentar mi carne y al tiempo intentando inútilmente arrastrarme con él, pero no sentía felicidad alguna y así fue que un día Padre vino a visitarme.
Padre lo dispuso todo para mi felicidad y regocijo pero yo pasaba todos los días sentado a la sombra de un árbol, sintiendo el aire en mi piel, al Sol calentar mi carne y al tiempo intentando inútilmente arrastrarme con él, pero no sentía felicidad alguna y así fue que un día Padre vino a visitarme.
-Hijo mío, ¿Qué mal te acontece? ¿Qué en este mundo no es de tu agrado? Dímelo y me encargaré de ello.
-Padre, ningún mal se ha apoderado de mí, y este mundo vuestro no podría ser mas perfecto para mí y os doy las gracias por él. La razón de mi tristeza es que todo me sabe vacío, carente de valor real si no hay nadie con quien pueda compartir la alegría y la belleza de Edén.
-Entiendo amado hijo, sientes el mal de la soledad, no hay problema, haré otro ser como tu, pero no será como tu, será todo lo que tu no eres y carecerá de lo que tu eres, seréis complementarios uno del otro y entre los dos haréis un ser completo y perfecto.
Y así como Padre dijo, el ser apareció, Tal como yo tenía el pelo corto, recio y castaño oscuro, ella lo tenía largo, lacio y castaño claro, tal como mis ojos eran duros, fijos y penetrantes, los suyos eran suaves, observadores y analíticos, mi pecho duro y plano cuando el suyo era blando y curvado, mi vientre duro y marcado, el suyo plano y liso, mis caderas estrechas, las suyas anchas, mis piernas musculosas, las suyas hechas para admirar, mis manos y pies, grandes y fuertes, los suyos pequeños y delicados. Exactamente eramos lo que no era el otro.
-Hijo mío, su nombre es Eva y donde tu eres un hombre, ella será una mujer, y para poder encajar y ser un ser perfecto tu obtendrás el miembro viril y ella carecerá de él, y será compartiéndolo como uniréis vuestras almas. Espero que ahora no vuelvas a sentirte solo hijo mío y ahora debo marcharme.
Sabía que Padre había estado hablando y curiosamente no le escuché, no podía, toda mi atención estaba en Eva, se que era imposible y aun así creía firmemente que Padre se había equivocado, decía que los dos haríamos un ser perfecto, pero yo sabía que ella era perfecta por si misma, dijo que había sido creada para traerme la felicidad y aunque era feliz, ahora sabía con total certeza, que yo una vez fui creado con el solo objetivo de hacerla feliz a ella. No creo que pueda llegar a explicar con palabras todo lo que ella era para mi, todo lo que me hacía sentir, lo que yo habría estado dispuesto a hacer por ella, pero, sabed que verla me abrió los ojos, sentirla cerca, el corazón y amarla me extrajo el alma. Si había venerado a Padre, ante ella mil devociones, mil veces mi cuerpo sacrificado, mil oraciones por su mera atención eran pocas comparadas con su divinidad.
A partir de ese momento el Tiempo en Edén comenzó a fluir de otra forma que nunca antes había percibido, ahora era consciente de cada fracción de él, y en cada cual, mi felicidad era suficiente para bañar todo Edén varias veces y más.
Eva y yo nos conocimos mucho mejor, me demostró, que no solo en cuerpo era lo que yo no, si no también en mente y espíritu. Yo la observaba a ella, y ella observaba al mundo, yo quería conocerla mas, y ella quería conocer mejor el mundo, cada día amaba mas a Eva, ella cada día amaba mas el mundo. Mientras que mi objetivo era su felicidad, el suyo era la armonía y el orden de Edén.
Una vez, estuvo todo el día fuera, explorando Edén y no volvió hasta la noche. Estaba eufórica, alegre y muy animada.
A partir de ese momento el Tiempo en Edén comenzó a fluir de otra forma que nunca antes había percibido, ahora era consciente de cada fracción de él, y en cada cual, mi felicidad era suficiente para bañar todo Edén varias veces y más.
Eva y yo nos conocimos mucho mejor, me demostró, que no solo en cuerpo era lo que yo no, si no también en mente y espíritu. Yo la observaba a ella, y ella observaba al mundo, yo quería conocerla mas, y ella quería conocer mejor el mundo, cada día amaba mas a Eva, ella cada día amaba mas el mundo. Mientras que mi objetivo era su felicidad, el suyo era la armonía y el orden de Edén.
Una vez, estuvo todo el día fuera, explorando Edén y no volvió hasta la noche. Estaba eufórica, alegre y muy animada.
-Adán, he conocido a alguien muy agradable, me ha enseñado sitios que desconocía de Edén. El mejor de todos fue un árbol enorme con manzanas. Me dijo que si las probaba sentiría cosas que nunca antes había sentido y me harían muy sabia.
Aquel fue el primer día que sentí terror, paralizándome, congelándome los huesos. Sabía qué árbol era, Sabiduría, el árbol que Padre prohibió acercarse ni tocar, mucho menos probar uno de sus frutos. Me aferré a una última voluta de esperanza.
-Eva, ¿No habrás probado su fruto?
-Por supuesto. -Dijo mostrándome una manzana a medio comer. -Te he traído la mitad a ti para que la pruebes también. -Continuó destrozando lo que quedaba de mi esperanza.
Mientras me la ofrecía, esperando a que yo me decidiera por cogerla, pensé en las opciones que tenía, en las consecuencias que habría en lo que obtendría de probar esa manzana y tan solo un instante después me lancé por ella y me la comí y, Padre llegó, enfurecido, nos maldijo y nos condenó a la mortalidad y al exilio fuera de Edén, sufriríamos bajo la hostilidad de la naturaleza salvaje, enfermaríamos y pasaríamos hambre, no lo dijo con palabras, pero su intención era que padeciéramos el infierno. Pero antes de caer Padre me llamó para hablar en privado conmigo.
-Hijo mío, quiero que sepas que con dolor te otorgo dicho castigo, siempre te he amado y deseado tu bien pero no puedo permitir que mi palabra se quebrante, debes aceptar tu castigo al igual que yo tendré que obligarme a aceptar tu dolor, pero antes, dime, ¿por qué sabiendo lo que pasaría al probar el fruto que te trajo Eva, lo comiste?
-Precisamente porque lo sabía, Padre, si hubiera rechazado la fruta de Eva tal vez pudiera seguir eternamente en Edén, pero volvería a estar solo y ninguna mujer podría haber igualado, no se ofenda, pero ni con su poder, a Eva, así que preferí acompañarla a su exilio y en su mortalidad que quedarme en la eternidad sin ella.
-¿Te das cuenta que por Amor, te has condenado al infierno?
-No, Padre, por Amor he ido a interponerme entre el infierno y Eva.
Y así fue como sacrifiqué mi inmortalidad, condené mi alma al infierno y desafié a mi Dios la persona que amo.
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