EL GUARDIÁN
Hola, mi nombre es 0271 y soy un androide, un
sofisticado sistema de vigilancia y protección. Fui creado por los
Tinaí, una raza de seres divinos que moran en una angosta roca de la
nebulosa Katrón, un puñado de estrellas y planetas situada entre
dos galaxias.
Los Tinaí habían vivido los últimos ciclos con el
único objetivo de hallar la fuente de la felicidad y dos ciclos
atrás lo lograron.
En el corazón de una micro estrella, un particular tipo
de estrella del tamaño de una partícula, formada por materiales
extraños y escasos en el universo, se encontraba la esencia de
Missaí, felicidad plena en Tinaí arcano y desde ahí bañaba en su
haz de felicidad a cuatro galaxias colindantes, procurando atisbos de
felicidad a aquellos con un corazón lo suficientemente puro como
para percibirla.
Extrajeron a Missaí de la micro estrella adoptando la
forma de una llama y los Tinaí la llevaron a su hogar. Muchos fueron
los que llegaron para admirar la forma y la sensación de felicidad
que Missaí otorgaba. La felicidad que inducía aumentaba
progresivamente cuanto mas te acercabas a ella siendo plena en el
mismo momento de entrar en contacto con ella. Sin embargo, la
felicidad obtenida era tan grande, que al ser separado de Missaí, el
síndrome de abstinencia que embargaba a los afectados era brutal y
todos querían tocarla y estar junto a ella, sin importar qué y
pronto se produjo una carnicería cuando comenzaron a matarse unos a
otros por ella.
Así fue como se decidió confinar a Missaí en una
cámara aislada de los Tinaí y se decretó que quedaría guardada de
todos menos de aquellos que en sus últimos estertores o los que
consideraran su vida demasiado desgraciada como para seguir viviendo,
acudieran para conseguir felicidad antes de ser ejecutados. Y para
evitar que nadie mas entrara, y que quien lo hiciera fuera ejecutado,
me crearon a mí.
Un guardián eficaz, apostado en la linde donde el
fulgor de los haces de felicidad de Missaí contrastaban con el
exterior, cumplía mi tarea. Inerte, ausente, sin interactuar con
nada ni nadie que durante dos ciclos me mantuve dentro de las
expectativas de mis creadores. Aun así no podía dejar de fijarme en
como todos aquellos que venían en pos del beso de Missaí, pobres
desgraciados cuya vida entera había sido dada a satisfacer sus
propias necesidades, podían gozar de tal privilegio, mientras que a
mi, que desde mi origen había velado por completo por la seguridad
de ella, se me era negado. Pero no dejé por ningún momento de
realizar, leal, mi tarea.
Sin embargo todo estaría por cambiar, pues un día, un
Tinaí diferente a cuantos hubiera visto durante estos dos ciclos, se
presentó para recibir el beso de Missaí. Ya desde que llegara,
percibí en él algo que me gustó si cabía, menos de lo que me
habían gustado todos los demás que llegaran antes que él y por
ello, no fue extraño que cuando entrara, me asomara para ver que
ocurría dentro.
Mis sospechas no tardaron en adquirir fundamento, pues
empezó a tratar a Missaí de forma ruda y carente de delicadeza,
pero lo que más llamó mi atención fue lo que portaba en una mano,
Un porta llamas con una llama muy similar a Missaí y cuando trató
de cambiar a una por la otra algo quebró dentro de mí.
El Tinaí se sorprendió al hallarme frente a él cuando
se dio la vuelta para marcharse.
-¡Pero, ¿Qué demonios?! Ah, solo eres tú, quítate
de en medio. -Me pidió, pero no lo hice.
-¿No me has oído? ¡Apártate de mi camino! ¡Te lo
ordeno! -Pero no obedecí.
En algún momento mi mano lo agarró por su cabeza y mi
brazo lo alzo del suelo, Missai se le calló al suelo y entonces
empezó a gritar, a gemir y a llorar, pero yo no oía nada, pues toda
mi atención estaba puesta en Missaí, titilando delicadamente sobre
el suelo.
Otros Tinaí, alertados por la naturaleza de los gritos
llegaron a la linde de la sala y me ordenaban que dejara al
repugnante ser que alzaba en el aire, o eso pensé que debían de
estar diciendo, porque en ese momento, en todo el mundo, solo
existíamos Missaí y yo, no, solo existía Missaí.
Me llegó la vaga sensación de un cálido líquido
corriendo por mi brazo y me pareció ver el cuerpo sin cabeza del
Tinaí sobre el suelo, pero yo ya había emprendido mi descenso hacia
donde estaba Missaí, con mi otro brazo estirado en pos de recibir su
beso. Distaba unos escasos centímetros, cada vez mas cerca, tres
centímetros, cada vez mas cálida, dos centímetros, cada vez mas
acogedora, un centímetros, cada vez mas abrumadora, y cuando faltaba
un espacio demasiado estrecho como para que pasara un suspiro, mi
cuerpo se paró.
Los Tinaí me desconectaron y mandaron a unos sencillos
robots a por mi y a colocar a Missaí de nuevo en su sitio. La
batería residual que quedaba en mí me permitió presenciar como era
alejado cada vez mas de Missaí, me permitió ver como lanzaban mi
cuerpo por un “El Pozo” un profundo agujero que conectaba con el
espacio y lanzaba cualquier objeto a lo mas profundo del mismo, un
abismo sin fin.
Todos los Tinaí que buscaron el beso de Missaí
creyeron haber encontrado la felicidad plena, mas, ninguno la sintió
realmente, pues fui yo, el tiempo que estuve velando por ella, que
permanecí a su lado aunque no llegara a tenerla jamás, quien
realmente supe apreciarla plenamente, aunque acabé cayendo en el
mismo error que ellos, y mi egoísmo me hizo desear mas y ese deseo
me lanzó a cometer un acto que lejos de acercarme mas a Missaí,
produjo el efecto contrario, alejándome totalmente de ella, cayendo,
inexorablemente, a un profundo agujero, oscuro, frío, solitario
lleno del dolor que sentía mientras pensaba en Missaí, hasta que la
última célula de energía, se agotó.